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Apartheid a la israelí: la segregación dentro de la segregación

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Mikaela Levi, Centro de Información Alternativa (AIC)
Diciembre de 2011.- Cuando se discute sobre la existencia de un Apartheid en Israel y en los territorios palestinos ocupados generalmente se habla simplemente de la discriminación contra los palestinos, tanto de un lado como del otro del Muro. Simone O'Broin y la organización en la que trabaja, Badil, proponen una mirada más compleja del asunto, una mirada que desnuda un Apartheid que ha evolucionado a través de las últimas seis décadas y que lejos de imitar la segregación de blancos y negros en Sudáfrica ha creado una segregación dentro de una segregación dentro de una segregación que se expande por toda la Palestina histórica.

"Algunas áreas están complemente cerradas ahora, y Gaza es el ejemplo más horrendo. Los de Gaza están complemente separados; no pueden ir a Israel del 48 o a Cisjordania, excepto en casos muy excepcionales basados en razones humanitarias. Hoy en día ni siquiera la reunificación familiar constituye una razón humanitaria. La gente de Cisjordania no puede ir a Jerusalén Oriental en la mayoría de los casos y el hecho de que los refugiados no puedan volver a sus hogares y su tierra constituye en si mismo un acto de Apartheid. Además, ciertas áreas del Valle del Jordán son áreas prácticamente cerradas, al igual que el área H2 de Hebrón, que también es un área cerrada", explicó a Radio Muqawama la redactora principal del informe legal que próximamente publicará Badil, una organización con base en Belén que se ocupa del derecho al retorno de los refugiados palestinos.

Hace apenas unas semanas, en el mes de noviembre, Simone y Badil viajaron a Sudáfrica para participar del Tribunal Russell, una nueva versión del famoso tribunal creado en 1966 por referentes intelectuales de todo el mundo para juzgar y condenar las atrocidades cometidas entonces en Vietnam. Hoy el mismo tribunal con nuevas caras se reúne para juzgar y condenar los crímenes cometidos por el Estado de Israel contra el pueblo palestino.

Por eso, allí fue Badil a presentar su análisis legal sobre la situación en toda la Palestina histórica. "La ocupación ha sido, de alguna manera, la forma tradicional de entender la situación aquí y el concepto de ocupación está cubierto por la ley internacional humanitaria”.

“Pero cuando se redactaron las Convenciones de Ginebra, la ocupación se entendió como una medida temporaria después de una situación de conflicto armado. De allí que mucha de la legislación de las Convenciones de Ginebra no tome en cuenta la existencia de una ocupación de 63 años. El colonialismo describe muy bien una gran parte de lo que es el sionismo. Al entender el sionismo político, uno ve que el objetivo final es establecer un Estado judío sobre el área total de la Palestina histórica. Para lograr dicho objetivo, se trae a los colonos. Mucha gente ingresó a lo que ahora es Israel, pero el colonialismo continúa. Lo que existe hoy es Apartheid, ocupación y colonialismo", explicó Simone.

Una de las cuestiones importantes a la hora de analizar la situación israelí-palestina como un Apartheid es comprender cuáles son las similitudes y las diferencias con el caso sudafricano: "En el caso de Sudáfrica, el objetivo del Apartheid era establecer una situación en donde los negros fuesen confinados a los Bantustanes, pero no existía la intención de eliminar completamente a la comunidad negra del área. Querían explotar la mano de obra de los negros. Esta es una diferencia muy grande, si tenemos en cuenta el propósito primordial del sistema de Apartheid en el antiguo Mandato palestino"
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"El propósito primordial en Palestina es la trasferencia de población; se trata de un esquema para legalizar la transferencia de población. La idea es expulsar a los palestinos completamente fuera del territorio y traer a la población judía de colonos para que se asienten y de esa manera convertirlo en un Estado exclusivamente judío. El sistema de Apartheid en este caso es un marco para manejar la situación. Por ejemplo, inmediatamente después de la creación del Estado en el 1948, los restantes palestinos, aquellos que no habían sido echados, fueron sometidos a la ley marcial. Hoy la expulsión continúa por otros medios".

Los otros medios son las demoliciones de casas, la prohibición de construir y de tener acceso a los servicios básicos en las áreas C en Cisjordania, la imposibilidad de comprar tierras, tanto para los palestinos dentro de Israel como en muchos casos en los territorios ocupados, la sistemática represión de todo tipo de resistencia, la constante expansión de los asentamientos judíos en Cisjordania y Jerusalén Este, y el bloqueo inhumano de la Franja de Gaza.

El informe redactado por Badil y que será publicado en los próximos meses es una compilación detallada y minuciosa de todas las violaciones al derecho internacional que corresponden a la Convención de Apartheid firmada en la primera mitad de los setenta. La segregación y discriminación en el consumo del agua que se extrae de los territorios palestinos ocupados, el doble sistema de rutas y los dos sistemas legales que funcionan dentro de Cisjordania, el flagrante racismo de las organizaciones sionistas paraestatales que se encargan de comprar y apropiarse tierras palestinas para las comunidades judías israelíes, y por supuesto el símbolo máximo del Apartheid: el Muro.

En Afrikaans, Simone explicó, Apartheid significa separación, segregación. La élite blanca sudafricana utilizó el concepto para definir su régimen de desarrollo segregado. Los israelíes no copiaron la palabra, pero sí la idea.

"Cuando se creó el Estado de Israel, en 1948, y después de la creación de la Declaración de Derechos Humanos, no era posible ser abiertamente discriminatorio, de manera que todo debía hacerse de forma velada. Todo el sistema se enmascaró bajo las leyes de ciudadanía de Israel y las tierras comenzaron a ser confiscadas por medio de organizaciones paraestatales, las cuales tenían dentro de su constitución la distinción discriminatoria entre judío y no judío. Esta distinción en efecto no aparece en la legislación del Estado", recordó la especialista de Badil.

Pero como ningún sistema político creado por el hombre es perfecto, las décadas de hegemonía le infundieron una sensación de exitismo y una radicalidad a la élite sionista, que hoy está perdiendo su discurso velado y presiona por imprimir el mismo sentido y vocabulario racista de las organizaciones paraestatales, como el Fondo Nacional Judío, al Estado de Israel. No hace falta más que escuchar al primer ministro Benjamin Netanyahu y sus llamados insistentes para que el mundo entero reconozca al Estado de Israel como un Estado judío.

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