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Vigésimo sexto aniversario del asesinato de José Carrasco Tapia

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Joe Pino
Santiago.- 08 Sep 2012 .-José Carrasco Tapia, periodista chileno que luchó contra la censura impuesta por la dictadura militar. Fue acribillado a balazos por agentes de la CNI la noche del 7 de septiembre de 1986, día en que el Frente Patriótico Manuel Rodríguez, atentó contra la vida del dictador Augusto Pinochet.
El texto que presento mas abajo, pertenece a un discurso de Luciano Camilo Carrasco Mora, de 31 años, hijo del asesinado periodista, quien se suicido la madrugada del 11 de Noviembre de 2002 afectado por una severa depresión. Meses antes del suceso, el equipo de Prensa Opal Chile realizó registro del homenaje que hicieron a su padre en el Colegio de periodistas el mismo año 2002, donde él pronunció este discurso. He decidido transcribirlo con la única intención de ser un material que nos recuerde que desde la memoria, podemos seguir construyendo futuro.

Isaac Gajardo

Escribía José Carrasco, allá por el año 1986 en el boletín el CODEPU: “la dictadura está aislada política, social e internacionalmente. En la oposición existen hoy mejores condiciones para ponerse de acuerdo y asumir una postura de lucha intransigente para terminar pronto con el régimen. La recuperación de la dignidad de la patria requiere que cada uno asuma su cuota”. En entrevista concedida el mismo año concluía: “amamos la vida, amamos la paz, pero antes que nada amamos la justicia y la libertad y por la justicia y la libertad estamos dispuestos a dar nuestras vidas”. Pepe Carrasco asumió su cuota y dio su vida por la libertad y la justicia social de nuestro país. No solo habló el periodista comprometido con la libertad de expresión y las luchas sociales de su tiempo. Habló con todo, el militante popular comprometido con una opción revolucionaria, anticapitalista y profunda y utópicamente socialista.
En esta fecha entonces, recordarle y homenajearle simbólicamente, es recordar y homenajear el testimonio de vida, lucha y esperanza de cientos y miles  de hermanos, compañeros y amigos que se la jugaron por una salida democrática y popular a la dictadura y no por esta caricatura de democracia.
Desde esta perspectiva y solo desde esta, es que septiembre, más que ritos funerarios y nostalgias por un pasado que quiso ser mejor para todos y todas, para los explotados y marginados de nuestro país, desde esta perspectiva entonces es que septiembre debe significar futuro. Y la razón está en nuestra historia y en nuestro presente. Nuestra convicción es que la matanza y la crueldad fueron instrumentos de una dictadura al servicio de una política de transformaciones sociales y económicas profundas: la contrarrevolución neoliberal de los dueños del poder y la riqueza cuyos resultados se cargan hasta hoy bajo la atenta conducción y la administración de la Concertación y las derechas antidemocráticas. La distribución de las ganancias, los sujetos que la perciben, las desigualdades que implican y las consecuencias que acarrean para la mayoría de chilenos, se han sostenido más allá del fin de la dictadura gracias a la inmoralidad de 3 gobiernos antipopulares.
Por eso es que septiembre debe significar futuro y nosotros un presente, donde es necesario refundar, reconstruir y articular una auténtica práctica política-popular que asuma la tarea histórica de la construcción política desde las bases sociales.
Toda pretensión de construcción política que tenga que ver con una declaración teórica separada de las aspiraciones, expectativas y valores presentes en nuestro pueblo, terminará naufragando en el mar de la confusión y el inmovilismo. Necesitamos con fuerza refundar una práctica política que exprese en su quehacer concreto la construcción de una nueva sociedad. Se trata, en consecuencia, de ir creando nuevas relaciones sociales acordes con lo que pensamos deba ser una realización del poder que sea efectivamente liberadora. Es la voluntad de construir y ejercer el poder para transformar la realidad social, política y humana.
Esto significa que toda lucha, ya sea sindical, estudiantil, cultural, gremial, juvenil, poblacional, debe conectarse con una lucha que tenga como horizonte la totalidad. Eso implica poner en el centro de nuestros esfuerzos la construcción del pueblo como actor político y sujeto social. Crear un nuevo poder, crear poder popular, que era la consigna de mi padre, significa entonces, crear nuevas relaciones humanas, nuevas relaciones sociales, nuevas relaciones políticas. Y estas se realizan en el camino, en el proceso mismo de organización popular y lucha social.
En este haciendo camino al andar, tiene sentido la crítica, tiene sentido la nostalgia y la memoria histórica y popular que hoy día nos convoca y nos conmueve. Porque recordar es también aclarar el corazón, porque recordar es operar a la esperanza, la esperanza que no son solo ilusiones, no son solo sueños o aquellas angustias que nos oprimen el pecho ante tanta injusticia desatada. La esperanza que es el sueño, la utopía social o socialista, son gestos, son acciones, son la fuerza con la que nos levantamos todos los días para gritar que vamos a ser tremendamente libres.
José Carrasco y a todos a quienes no nombramos pero nunca olvidamos: estamos de pie, con la mirada limpia, con el corazón rasguñado, pero con la esperanza intacta.

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