Desde las 03:24 de la mañana del viernes 26 Chile vive en el cáos y la incertidumbre en manos de los devaneos de la naturaleza. Desde la quinta hasta la novena, incluida la región metropolitana, han sido declaradas como zona de catástrofe por el gobierno.
Cortes de luz, cortes de carreteras derrumbes estrepitosos de pasos niveles, edificios de departamentos declarados inhabitables conforman el escenario de un país en estado de alerta e incertidumbre ciudadana; el cáos en el consumo de bencinas y en los servicios bancarios, saqueos en alguna ciudades y una permanente y creciente inseguridad poblacional alimentada por la irresponsabilidad sensacionalista de los medios de comunicación, los que destacan la truculencia frente a las estadísticas, el dramatismo frente al realismo, el espontaneismo frente al orden en sus comunicados, presentando informes basados en comentarios personales o apreciaciones ciudadanas, dejando a la ciudadanía en manos de un devaneo informativo desastroso.
Por su parte el Gobierno siguiendo el precario manejo de la información de crisis no ha sacado un comunicado a la población, no ha hecho un resumen de la situación a nivel nacional y pareciera que los estamentos de seguridad del estado se han preocupado de proteger la seguridad de los objetos de valor mas que la de la población misma.
El simple hecho de que la región del BioBio haya quedado completamente aislada hasta el minuto de escribir esta nota demuestra que las cosas reales no se manejan en Chile, puesto que los datos reales del sismo fueron entregados por una oficina norteamericana.
En un país donde se han predecido constantemente las catástrofes y donde las universidades investigan seriamente el problema telúrico el estado y los políticos no se han preocupado de la seguridad de los ciudadanos implementando un sistema nacional de emergencia y la oficina encargada de esos asuntos es superada en creces por el continuo volumen y magnitud de los terremotos y maremotos.
Es de esperar que alguna vez se cumpla el proverbio del cántaro al agua, que finalmente se rompa para que la clase dirigente chilena - en su mayoría emparentada y coludida - se metan la mano al bolsillo y pongan en marcha un sistema de seguridad y previsión telúrica como le corresponde a un país en vías de desarrollo - como lo pregonan con pies de barro.



