Luis CASADO – 09/01/2009
Después de décadas de “laissez-faire”, de desregulación,
de liberalismo a ultranza y de “el Estado es caca”, el cagazo financiero y
económico precipita los economistas y otros (i)responsables económicos a
proponer planes de estímulo a la economía financiados por el Estado, o sea con
tu billete y el mío. ¿Cómo podría ser de otro modo?
En la copia feliz del edén pasamos del “barco bien
estibado” a la “economía blindada”, y de “en Chile no hay, ni habrá ninguna
crisis” al plan de estímulo económico de Velasco: la coherencia no es
asignatura en Harvard desde la época ya algo lejana de la Harvard Economic
Society.
En todos los planes de estímulo económico ya anunciados
en el planeta hay elementos comunes:
- Se reflotan los bancos y el sistema financiero rufián,
ladrón y depredador asegurándole total impunidad.
- Se les da plata a las multinacionales junto con reducir
los magros impuestos que aun pagan.
- Se prevén algunas migajas para el personal practicando
el “compassionate conservatism” a la W. Bush.
- Se excluye redistribuir el ingreso en modo más justo.
El de Velasco no es muy diferente. Pero poco importa su
contenido.
John Maynard Keynes aseguraba que si más vale hacer algo
“sensible” con el dinero, “llenar viejas botellas con billetes de banco,
enterrarlas a buena profundidad en minas de carbón abandonadas, taparlas con
basura hasta la superficie, y luego, -basándose en los principios del
laissez-faire-, confiarle a la empresa privada las excavaciones para volver a
sacar los billetes”, también funcionaría.
En las crisis económicas que requieren planes de estímulo
también hay elementos comunes:
- Una progresiva y acelerada concentración del ingreso en
pocas manos.
- Una aceleración de la especulación financiera.
- El desarrollo de fondos de inversión, de fondos mutuos,
de AFPs y trucos similares para jugar al pepito paga doble con tu plata y la
mía.
- La reducción del papel del Estado y la virtual
desaparición de los elementos reguladores en la economía.
- La presencia de rufianes, delincuentes y tahúres en las
altas esferas de las finanzas.
Algunos historiadores, -como John Kenneth Galbraith-,
afirman que la mayor parte de los banqueros, de los corredores de Bolsa, de los
administradores de fondos de inversión y otros empresarios, son honestos.
Lo curioso es que todas las crisis estallaron en momentos
en que los truhanes, los incompetentes y los rufianes se las habían arreglado
para manejar la manija, al tiempo que los economistas más reputados habían
entrado en la pachanga.
Fue el caso en 1929: Richard Whitney, presidente de la
Bolsa de New York, era un truhán y terminó en la cárcel. Charles E. Mitchell,
presidente del National City Bank, y
Albert Wiggin, presidente del Chase National Bank, eran unos rufianes.
Irving Fisher, el economista “top” en esos días, no solo
perdió la fortuna de su mujer especulando sino que además mintió en sus
previsiones económicas intentando evitarlo.
La crisis del 2001 fue precedida por las hazañas de dos
“premios nobel” de economía, los inenarrables Robert Merton y Myron Scholes,
que perdieron miles de millones de dólares especulando con plata ajena.
Hoy por hoy las trayectorias de Hank Paulson, Secretario
del Tesoro de los EEUU, o de Neel Kashkari, encargado de recomprar con plata
del Estado Federal los productos financieros tóxicos que vendía cuando
colaboraba con Hank Paulson en Goldman Sachs, no están exentas de recovecos.
Por su parte, Bernard Madoff, el plusmarquista de los
chorizos, el mangante de los mangantes, el más grande estafador de la historia,
era hasta hace poco el presidente del Nasdaq, una de las más importantes bolsas
de valores de New York.
La historia se repite y los ejemplos abundan.
Nada de esto podría pasar en Chile en donde nunca tuvimos
a un Carlos Massad en el Banco Central del cual nunca nadie robó información
privilegiada. Ni un caso Inverlink, con la excepcional participación de Alvaro
García, un ex ministro adepto del lucro fácil. Ni la larga seguidilla de
escándalos que no cesan.
Uno se dice que si los períodos de crisis facilitan la
llegada de bribones al poder, -esto te lo doy como información privilegiada-,
puede que un tal Piñera tenga algunas posibilidades en diciembre.



