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Tres presos mueren en la huelga de hambre en California

En noviembre de 2011, terminó con tres presos muertos la segunda vuelta de una huelga de hambre masiva de prisioneros en California. Ellos estaban en huelga desde el 22 de septiembre y finalmente murieron. Johnny Owens Vick y otro preso fueron confinados a la Unidad Especial de Seguridad de Pelican Bay. Hozel Alanzo Blanchard se encontraba recluido en la Unidad de Segregación Administrativa de Calipatria (ASU).

Según los informes de los presos que estaban alojados en las celdas vecinas y que fueron testigo de la muerte de estos hombres, los guardias no dieron asistencia a los presos de Pelican Bay ni a Blanchard, y en el caso del prisionero de Pelican Bay aún no identificado, al parecer, los guardias deliberadamente ignoraron sus gritos de auxilio por varias horas hasta que finalmente llegaron a su celda, y en ese momento ya estaba muerto.
“Es completamente despreciable que funcionarios de la prisión conscientemente pudiera permitir a alguien atentar contra su propia vida y dejarlo morir”, dijo Dorsey Nunn, Director Ejecutivo de Servicios Legales para Niños en Prisión. “Estos muchachos estaban pidiendo ayuda, sus compañeros de prisión pidieron ayuda, y los guardias, literalmente, se limitaron a observar que esto sucedía”.
Los familiares de los fallecidos, así como sus abogados defensores, tienen dificultad para obtener información acerca de los tres hombres y las circunstancias de sus muertes. El Departamento de Corrección y Rehabilitación (CDCR) está obligado a hacer una autopsia en casos de muertes sospechosas y está obligado a hacer un informe anual sobre todas las muertes en el sistema.
Miembros de la familia han dicho que sus seres queridos, así como muchos otros presos que participaron en la huelga de hambre, recibían graves represalias en su contra con acciones disciplinarias y amenazas. La familia de Blanchard ha dicho que él sentía que su vida estaba amenazada y tenía dos llamamientos de emergencia pendientes ante la Corte Suprema de California en el momento de su muerte.
“Es un testimonio de las terribles condiciones en las que los reclusos viven, al punto de que tres personas se suicidaron en el último mes”, dijo Laura Magnani, Directora Regional de la American Friends Service Committee. Ella también señaló el gran número de víctimas que deja las huelga de hambre en los prisioneros, a pesar de algunas aparentes victorias. “Prisioneros de estas cárceles de California tienen una tasa mucho más alta de suicidio que los de la población en general”, aseguró.
La huelga de hambre de septiembre, en la que participaron al menos 12.000 prisioneros en al menos 13 prisiones del estado, se organizó en torno a cinco principales demandas relacionadas con poner fin a las prácticas de castigo en grupo, a los largos plazos de confinamiento solitario, y a los abusos para la validación de los presos y la solicitud de información.
“Si el público y los legisladores no continúan presionando a la CDCR, el Departamento podría fácilmente barrer todo esto bajo la alfombra”, dijo Emily Harris, Coordinadora Estatal en California de la organización United for a Responsible Budget. “Estas muertes son evidencia de que la idea de la rendición de cuentas se ha perdido por completo entre los funcionarios de prisiones de California.
Nota al margen
El 3 de enero de este año, hace poco más de dos semanas, murió también tras una huelga de hambre una mujer de 52 años, Lyvita Gomes, quien se encontraba detenida en una cárcel de los suburbios de Chicago. Gomes, de origen indio, que había estado viviendo en un hotel de Vernon Hills, fue arrestada el 14 de diciembre después de que se ausentara a una cita en la corte. Una nota en The Huffington Post da cuenta del hecho, pero ni a la Casa Blanca, ni al Departamento de Estado le preocupó qué ocurrió con esta mujer, y muchísimo menos, qué paso con los tres huelguistas de California.

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